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Centro Cultural Molino del Galgo

Molino del galgo
Molino del galgo
El Molino del Galgo es el emblema de un proyecto social, cultural y deportivo que cuenta con apoyo económico e institucional de la Intendencia de Montevideo. Su objeto es ofrecer a la comunidad un espacio con actividades y propuestas para todos los grupos etáreos.

Cronología

1823 - Se atribuye a ese año la erección del primer molino harinero del Cardal, nombre dado al paraje que sería “La Unión”. En años siguientes muchos molinos perfilarían, en aquel paisaje casi rural, sus clásicas torres y aspas movidas por el viento.

1832 - El molino harinero del Galgo fue edificado por el catalán José Pratt en 1832, en casi el borde del Caserío del Cardal (Unión), que era en ese tiempo un agrupamiento urbano, disperso y modesto, ubicado alrededor de la Av. 8 de Octubre entre Bv. José Batlle y Ordóñez, Avellaneda, Pan de Azúcar y Cabrera, rodeado a su vez por estanzuelas, chacras y quintas.
El molino estaba ubicado sobre la actual calle Pan de Azúcar, en esa época llamada “Camino a Carrasco”, y a una cuadra hacia el sur de la calle “Que va al molino”, luego Figueroa y finalmente José Antonio Cabrera.
Cuando se edifica el molino, habían en el Cardal ranchos de adobe con techos de paja o tejas, escasas casas con azotea y con desprolija disposición urbana. Ya estaban establecidos mataderos y saladeros con posibilidades de abastecer Montevideo con carne salada, tasajo, grasa y crines.

En 1833, se había trazado el “Camino a Carrasco”. Partía de Avellaneda, seguía por Pan de Azúcar y luego por el actual camino del mismo nombre.
La ubicación del molino al lado del “Camino a Carrasco” aseguraba ser utilizado por los numerosos quinteros y chacareros productores de cereales, que usaban el camino para trasladar su producción.

1840 - En “Historia de la Unión”, Eugenio Cavia decía “En 1840, en Pan de Azúcar y 8 de Octubre, estaba la pulpería de Valentín Soca y a los fondos hacia el sur de la pulpería la chacra de éste, el Molino del Galgo, la fonda de Duglio y las tahonas de Mazzano y Sico:” Esta es una de las pocas crónicas conocidas que nombran elementos cercanos al molino.

1843 - En este año, el Presidente del Gobierno del Cerrito, Don Manuel Oribe, inaugura el Puerto del Buceo, como vía de entrada y salida de mercaderías. La actividad de molinos, saladeros y graserías comienza a crecer por la posibilidad de exportar a otros países su producción. Aparecen así nuevos molinos harineros y también saladeros.

1848 - En el diario “El Defensor”, el 15 de junio de 1848 salía “José Pratt a puesto a la venta del molino de viento conocido como del Galgo para pagar a sus acreedores”.

1849 -  El molino fue comprado por Lorenzo Cresio y Tomás  Maggi. Más tarde lo compró Vicente Benvenutto, quién construyó otro molino, por lo que  esos molinos se conocieron como los “Molinos de Benvenutto” o los del  “Galgo”. En ese año el Gobierno del Cerrito, decreto de Oribe mediante, denominó oficialmente “Pueblo de la Restauración” al conocido hasta ese momento como Caserío del Cardal, es decir nuestra actual Unión.

Funcionamiento
Las torres de los molinos harineros contenían una serie de ejes conectados por engranajes. La función final de todo el sistema era mover dos grandes piedras que molían los granos hasta convertirlos en harina.
Las aspas cubiertas de tela a modo de velas, impulsadas por el viento, eran el motor del ingenioso mecanismo que celosamente guardaban las torres.
Los molinos de viento recibían el nombre de sus dueños o el de las veletas, que con diversas formas coronaban sus techos cónicos.
Así nuestro molino, el “del Galgo” tenía en su punta una veleta de hierro con forma de galgo, pintado de negro y los ojos de blanco.

Descripción
Desde que Pratt edificara el Galgo, el camino que llevaba hasta él, se conocía como la calle “Que va al molino”, actual Cabrera. Cerca de esa calle nacerá en 1851, Eduardo Acevedo Díaz -político, poeta, novelista- quién de niño jugaba cerca del molino y nos aporta la única descripción que existe del mismo.

“El Molino del Galgo” – Fragmento de Eduardo Acevedo Díaz

“Era un molino de viento, gran cilindro de material…no  terminado por un casquete… sino por un cono aplanado de madera… que a su vez tenía por remate, coronamiento  y veleta, un galgo de hierro, con sus pies en el vacío y la cola encorvada, todo pintado de negro y los ojos blancos.
De los molinos molondros podía llamarse a éste el rey, aunque dependiese siempre de los caprichos del viento.
Harineros eran todos, que arroceros o aceiteros nunca han sido conocidos. Allá en el fondo se divisaba el mar como una línea azul y  la quinta de Basáñez ó de los Horneros, llenas de verdes boscajes y árboles frutales.
Los pequeñuelos… miraban con respeto aquellas aspas forradas de lienzos. Era el paseo de los días de fiesta. Una cerca de madera impedía la aproximación peligrosa.
El trigo… brotaba y crecía formando verdaderos lagos dorados entre alfombras de verdura en las chacras vecinas. Echarse por esos trigos  era frecuente en los chicuelos de los alrededores, los que reunidos en grupos o bandas, como los pajaritos voraces, se lanzaban a todo correr a lo hondo de la espesa grama.”

Material aportado por la Comisión de Patrimonio del Concejo Vecinal 6

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